jueves, 6 de octubre de 2011

Siguiendo la receta del médico.

¿Qué tal, escasos (incluso imaginarios) lectores? Espero les sea un buen día, donde quiera que se encuentren.
Debo comenzar mi perorata contándoles que, por ordenes de mi pepsiquiatra, debo encontrar y ejercitar una actividad que me complazca y que haya dejado de lado en los últimos años; espero que el escribir sea la adecuada. Con Sigur Ros de fondo, comienzo.
Primero les cuento qué ha sido de mi terapia (lo que se puede contar). Va muy bien, no estoy mal, sino un poco abollado. El doctor dice que pronto estaré al cien, así que me va bien.
Estoy haciendo un servicio social, ya para la titulación y todo marcha excelente. Confío en que el próximo año será uno de los mejores de nuestras vidas, porque ustedes van en el paquete.
En este momento son las 13:49 horas, tiempo de BC. Estoy esperando para ir a ver Medianoche en París, de Woody Allen. Tengo que confesar que será la primera película del cineasta neoyorkino que este servidor tendrá el placer de ver en la pantalla grande.
Siguiendo en esto de las confesiones, considero necesario establecer un punto que me parece pertinente tratar.
Siempre he sido defensor de la libertad (credo, sexual, asociación, expresión, factica) como muchos de ustedes, si es que me conocen, ya sabrán.
En los últimos días me percaté que existe una gran comunidad (no es la palabra adecuada, pero creo que es la mejor manera de expresarlo) que se esmera en imponer, prohibir y socavar lo que se considera fuera de los parámetros considerados para, lo que según se entiende, por libertad.
En realidad esto me parece horrendo. Debo dejar en claro que a lo que yo considero Libertad (con L mayúscula) se le defiende con la vida, pero no se le impone con la sangre, sobre todo de otros. Ésa, a la que llamo libertad (con minúscula), es la que se impone y recrimina, la que segrega desde el buen espacio de la corrección política.
Debemos comprender (y no es mi intención escribir en el plural de la primera persona, mas no encuentro otro modo de explicarlo diferente) que no todo lo que se oponga a nuestros argumentos u opiniones es errado; lo es, sin duda, intentar dictar con la buena voluntad.
No quiero tocar mucho el tema del aborto (pero otra vez no encuentro un mejor ejemplo), pero debo admitir que a mí me gusta la idea de en algún momento tener un vástago, o vástaga, pero mis decisiones y opiniones no deben de regular la vida de nadie más, sólo la mía ( y en algún momento la de mi familia).
Así es, palabras más o menos, es como pienso de la vida. Intentar imponer, o prohibir, desde un punto de vista subjetivo es abominable, a pasos agigantados crecerá hasta en verdad coartar la Libertad.
Tomaré un ejemplo más próximo, Los Narcocorridos. Creo que en este tema existe un consenso casi general en las cúpulas legislativas, y en uno que otro mal llamado círculo intelectual (que tienen lo de intelectual a lo que tienen de círculo). Consideran, y en momentos he llegado a pensar lo mismo, que son peligrosos para la sociedad. Los prohíben y todos a plancharse las solapas con la mano, en gesto de grandilocuencia.
¿No es esto un grave retroceso en la libertad de expresión, el día que prohíban el punk, el rock o el reggaeton, estarán tan contentos? Recordare que el punk, en esencia, es subversivo, contestatario e inconformista; si no lo es, entonces ha dejado de ser punk.
Habrá que hacer un autoanálisis, ¿en verdad soy tan congruente como creo ser? No lo sé, me gustaría pensar que sí.
No al cinismo, no a la cerrazón. Si no te gusta mi comentario, pues no lo leas, eres libre de hacer click en la equis localizada al superior de la pantalla.

Sin más, un abrazo.

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