Ya bajé la aplicación al teléfono, espero no escribir muchas barbaridades...
Nos vemos en la carretera
Miopía, dulce miopía
la buena visión está sobrevalorada en estos días
jueves, 28 de junio de 2012
jueves, 6 de octubre de 2011
Siguiendo la receta del médico.
¿Qué tal, escasos (incluso imaginarios) lectores? Espero les sea un buen día, donde quiera que se encuentren.
Debo comenzar mi perorata contándoles que, por ordenes de mi pepsiquiatra, debo encontrar y ejercitar una actividad que me complazca y que haya dejado de lado en los últimos años; espero que el escribir sea la adecuada. Con Sigur Ros de fondo, comienzo.
Primero les cuento qué ha sido de mi terapia (lo que se puede contar). Va muy bien, no estoy mal, sino un poco abollado. El doctor dice que pronto estaré al cien, así que me va bien.
Estoy haciendo un servicio social, ya para la titulación y todo marcha excelente. Confío en que el próximo año será uno de los mejores de nuestras vidas, porque ustedes van en el paquete.
En este momento son las 13:49 horas, tiempo de BC. Estoy esperando para ir a ver Medianoche en París, de Woody Allen. Tengo que confesar que será la primera película del cineasta neoyorkino que este servidor tendrá el placer de ver en la pantalla grande.
Siguiendo en esto de las confesiones, considero necesario establecer un punto que me parece pertinente tratar.
Siempre he sido defensor de la libertad (credo, sexual, asociación, expresión, factica) como muchos de ustedes, si es que me conocen, ya sabrán.
En los últimos días me percaté que existe una gran comunidad (no es la palabra adecuada, pero creo que es la mejor manera de expresarlo) que se esmera en imponer, prohibir y socavar lo que se considera fuera de los parámetros considerados para, lo que según se entiende, por libertad.
En realidad esto me parece horrendo. Debo dejar en claro que a lo que yo considero Libertad (con L mayúscula) se le defiende con la vida, pero no se le impone con la sangre, sobre todo de otros. Ésa, a la que llamo libertad (con minúscula), es la que se impone y recrimina, la que segrega desde el buen espacio de la corrección política.
Debemos comprender (y no es mi intención escribir en el plural de la primera persona, mas no encuentro otro modo de explicarlo diferente) que no todo lo que se oponga a nuestros argumentos u opiniones es errado; lo es, sin duda, intentar dictar con la buena voluntad.
No quiero tocar mucho el tema del aborto (pero otra vez no encuentro un mejor ejemplo), pero debo admitir que a mí me gusta la idea de en algún momento tener un vástago, o vástaga, pero mis decisiones y opiniones no deben de regular la vida de nadie más, sólo la mía ( y en algún momento la de mi familia).
Así es, palabras más o menos, es como pienso de la vida. Intentar imponer, o prohibir, desde un punto de vista subjetivo es abominable, a pasos agigantados crecerá hasta en verdad coartar la Libertad.
Tomaré un ejemplo más próximo, Los Narcocorridos. Creo que en este tema existe un consenso casi general en las cúpulas legislativas, y en uno que otro mal llamado círculo intelectual (que tienen lo de intelectual a lo que tienen de círculo). Consideran, y en momentos he llegado a pensar lo mismo, que son peligrosos para la sociedad. Los prohíben y todos a plancharse las solapas con la mano, en gesto de grandilocuencia.
¿No es esto un grave retroceso en la libertad de expresión, el día que prohíban el punk, el rock o el reggaeton, estarán tan contentos? Recordare que el punk, en esencia, es subversivo, contestatario e inconformista; si no lo es, entonces ha dejado de ser punk.
Habrá que hacer un autoanálisis, ¿en verdad soy tan congruente como creo ser? No lo sé, me gustaría pensar que sí.
No al cinismo, no a la cerrazón. Si no te gusta mi comentario, pues no lo leas, eres libre de hacer click en la equis localizada al superior de la pantalla.
Sin más, un abrazo.
domingo, 7 de noviembre de 2010
(Título Pendiente) primera parte
Cuando Martín miró sus manos, todo quedó claro, la literatura no era lo suyo.
A los 15 años, con el corazón lleno de entusiasmo y el bolsillo más roto que nunca, Martín decidió dar el gran paso en la vida de un escritor, dejar la escuela.
Sus padres, gente honesta que se ganaba el pan y el vino en el complicado mundo de la elaboración de pantunflas, tomaron muy bien la decisión que su retoño tomó ese invierno; Martín, cuando recuperó el conocimiento en el hospital, atribuyó las contusiones a un extraño incidente que involucraba a un payaso y dos clavadistas que pasaban por el barrio. Desde entonces quedó claro que algo no andaba bien en la ensalada de pasta que tenía por cerebro.
Ya con 16 años y viviendo en una cómoda caja de cartón ubicada en el barrio más exclusivo de Mexicali, Martín tuvo la determinación de encontrar un agente.
Armando Ríos, famoso socialité cachanilla, mejor conocido como el patán, echó la carnada sobre nuestro joven protagonista, Martín mordió el anzuelo, el 20 por ciento de ganancia era una fortuna envidiable entre los vagabundos a los que llamaba vecinos.
Las cosas no fueron bien con el improvisado agente literario, las pocas veces que concertaban una cita por lo regular era en una parada de taxis en la zona de prostíbulos de la ciudad. Martín, a su vez, no era la gran esperanza que varias revistas especializadas predijeron, claro que las revistas de pesca y catálogos de zapatos no gozan de mucho prestigio en el mundo literario, pero le permitían mantener la moral menos fracturada, el pan era menos pero la confianza era mucha.
En agravio de tan sórdida situación, Martín sufrió ese raro fenómeno llamado Bloqueo de escritor. Nadie se percató de la precaria condición del joven aprendiz de escritor, ya que nunca había escrito ni una lista de supermercado.
Amargo es el destino y agónica la espera, sobre todo cuando, intentando emular a Chaplin, Martín se comió su zapato izquierdo, muy conveniente ya que el derecho no estaba maduro. Entre la lengüeta y el tacón, de repente algo lo golpeó en la cabeza, una impactante epifanía comparable a la que tuvo Van Gogh luego del episodio de la navaja y su pabellón audicular.
Cuando era niño, Martín disfrutaba de ver la televisión con el volumen en cero, muda; gozaba de doblar a sus actores favoritos en las escenas románticas, un acto digno de un genio, ya que debido a la efímera economía familiar, no contaban con servicio de electricidad durante el verano.
Fue entonces cuando todo quedo claro, como un anuncio luminoso en medio del desierto, como un juego de pirotecnia en fiesta de pueblo: Martín sería el primer guionista de cine porno en la ciudad... (Continuará)
miércoles, 9 de junio de 2010
Coprofagia infantil
En días pasados una amiga (cuyo nombre no revelaré), me contó que su hija más pequeña (cuyo nombre tampoco revelaré), en un momento de descuido pensó que, y vaya que me sorprende lo que habrá pensado, sería buena idea comer sus propias heces.
La niña está sana, tuvo el medicamento adecuado, pero esto me llevó a pensar muchas cosas. ¿Qué diría Freud al respecto? Posiblemente que la bebé tiene una crisis con el superego, el yo y el quién sabe.
Una vez vi a un perro que hizo lo mismo y no volví a dirigirle la palabra. La bebé, que revelando el género he dicho demasiado, me simpatiza de manera sobresaliente y no sé si podré perdonarla.
Según mi madre, y diversos familiares, yo nunca hice algo similar, aunque dudo mucho de su criterio. Sólo sé que la coprofagia me recuerda, y puede ser redefinida como: retroalimentación inmediata
MSD
martes, 8 de junio de 2010
10 cosas sobre mí
No me gustan las biografías y esto no será una. Les dejo 10 cosas que les ayudarán a conocerme mejor... si acaso les interesa
10. Me dan pánico las cucarachas
9. No lo llamo onanismo, simplemente amor egoísta
8. Cuando estoy borracho juego a que soy Bob Dylan y no le hablo a nadie. Nadie se ha dado cuenta del juego y piensan que soy muy serio
7. Escucho voces y veo visiones
6. Soy incapaz de comprar un sombrero sin que el vendedor se sorprenda
5. Si el mar fuera de cerveza, seguro yo sería Bob esponja
4. No tengo olfato, y cuando digo Esto huele mal, lo hago por socializar
3. Soy intolerante a cualquier líquido seminal, propio o ajeno
2. Le temo más a las cucarachas (punto 10) pero también a la muerte. Si me mata una cucaracha será lo peor que me pueda pasar
1. En realidad soy un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer, que a su vez está atrapada en el cuerpo de un oso negro americano
MSD
10. Me dan pánico las cucarachas
9. No lo llamo onanismo, simplemente amor egoísta
8. Cuando estoy borracho juego a que soy Bob Dylan y no le hablo a nadie. Nadie se ha dado cuenta del juego y piensan que soy muy serio
7. Escucho voces y veo visiones
6. Soy incapaz de comprar un sombrero sin que el vendedor se sorprenda
5. Si el mar fuera de cerveza, seguro yo sería Bob esponja
4. No tengo olfato, y cuando digo Esto huele mal, lo hago por socializar
3. Soy intolerante a cualquier líquido seminal, propio o ajeno
2. Le temo más a las cucarachas (punto 10) pero también a la muerte. Si me mata una cucaracha será lo peor que me pueda pasar
1. En realidad soy un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer, que a su vez está atrapada en el cuerpo de un oso negro americano
MSD
Lady Gaga me da miedo
El domingo pasado me quedé a dormir en casa de mi abuela, a la cual le agradezco la posada. Lo importante, aparte de reiterarle mi respeto a la madre de mi madre, fue que me topé con un video de Lady Gaga, cosa que no había visto jamás, lo cual considero un gran mérito de mi parte.
Presté atención a todo eso que dicen que Lady Gaga es y no pude concluir en otra cosa que no fuera: ¡Esta tipa me da miedo!
Recuerdo una vez que estaba enfermo y falte a la preparatoria, en mi convalecencia vi el video de Sweet Dreams en version Marilyn, y me dio nausea con un final infeliz.
Lo que sentí al ver a Lady Gaga no fue eso, fue miedo.
El video citado fue del sencillo Telephone, lo bueno que lo vi de día, en otro momento no dormiría, me sentí aterrado, los movimientos de zombie, el maquillaje de embalsamador, digo, si se aparece Lady Gaga en un callejón pensaría que es un personaje de John Waters y salgo corriendo.
Yo creo que hasta David Lynch dudaría en invitarle un café. Yo de plano no la podría mirar a los ojos.
Todo el mundo sabe (y si no, se lo haré saber) que mi mayor temor en la vida son las cucarachas. Una cucaracha, de las grandes, evoca la niña asustadiza que vive en mis adentros. Lady Gaga no llega a despertar esos ridículos sentires en mí, pero si la sigo viendo, puede que llegue a tener la medalla de oro.
MSD
Presté atención a todo eso que dicen que Lady Gaga es y no pude concluir en otra cosa que no fuera: ¡Esta tipa me da miedo!
Recuerdo una vez que estaba enfermo y falte a la preparatoria, en mi convalecencia vi el video de Sweet Dreams en version Marilyn, y me dio nausea con un final infeliz.
Lo que sentí al ver a Lady Gaga no fue eso, fue miedo.
El video citado fue del sencillo Telephone, lo bueno que lo vi de día, en otro momento no dormiría, me sentí aterrado, los movimientos de zombie, el maquillaje de embalsamador, digo, si se aparece Lady Gaga en un callejón pensaría que es un personaje de John Waters y salgo corriendo.
Yo creo que hasta David Lynch dudaría en invitarle un café. Yo de plano no la podría mirar a los ojos.
Todo el mundo sabe (y si no, se lo haré saber) que mi mayor temor en la vida son las cucarachas. Una cucaracha, de las grandes, evoca la niña asustadiza que vive en mis adentros. Lady Gaga no llega a despertar esos ridículos sentires en mí, pero si la sigo viendo, puede que llegue a tener la medalla de oro.
MSD
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