martes, 8 de junio de 2010

Primera vez

Segundas partes siempre serán mejores. En mí caso ha funcionado, las primeras veces tienen un valor simbólico exagerado, y las segundas partes conllevan algo de aprendizaje, honor, maestría práctica.
Creo firmemente que Jesús practicó más de una vez la caminata hidráulica, ¡menuda sorpresa se hubiera llevado Judas al ver al maestro mojado! (aunque sería el argumento más convincente para ir a la playa en Semana Santa)
Pues me niego, no acepto que la primera vez tenga que ser especial. Sólo Orson Welles puede presumir que su primera vez fue la mejor, yo (y el resto de la humanidad) no.
No quiero dirigir este discurso a ningún subtexto particular, de hecho no me importa llevarlo a ningún lado; es mi primera vez escribiendo un blog, es mi desvergación indolora, mi traje olvidado de primera comunión, mi primer Te Amo rechazado, mi primer noche sin dormir.
Es ejercicio, encomienda práctica y debota, de escribir. Mucho me ha dado la literatura como para devolverle un conjunto de reglones incoherentes; práctica, molesta práctica, escribamos pues lo que nadie leerá, que nadie me espera, que nadie me vio llegar.

MSD

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